Una mañana Pepito, Jorgito, Spiky, y Leila fueron a pasar el rato a la playa. Ellos eran cuatro amigos que les gustaba salir juntos. Al llegar allí, extendieron sus toallas, se echaron crema y se bañaron solo los chicos, porque a Spiky y a Leila no les gusta el mar, prefieren la piscina o tomar el sol. Pepito y Jorgito no veían el peligro que se les acercaba:
-¡Pepito, Jorgito, un tiburón!-dijo Spiky.
-Estamos justo en la orilla, es imposible que haya tiburones-respondió Pepito.
-Entonces, ¿qué es eso?-añadió Leila.
Los dos chicos miraron hacia atrás; un tiburón se acercaba lentamente hacia ellos. De
repente, una mano agarra la pierna de Jorgito:
-¡Sorpresa!-era Rufino, el padre de Pepito-¿qué os parece si nadamos hasta las boyas?
-Nos has asustado-dijo Jorgito-¿a quién se le ocurre ponerse esa ridícula aleta en la espalda?
-Bueno vamos a nadar-interrumpió Pepito.
Por una vez en su vida, las chicas se apuntaron a nadar. Spiky y Leila fingieron que
Unas medusas las habían picado (ya que el agua estaba algo caliente). Sus amigos se preocuparon, pero vieron que era mentira:
-¿Es que hoy es el día de las bromas pesadas?-preguntó Jorgito.
-No, pero como el día de los Santos Inocentes no pudimos gastaros ninguna, aprovechamos para gastaros alguna hoy- explicaron ellas.
Y así, con unas bromas pesadas, disfrutaron con algunas carcajadas.
CIELO G. 6º