Había dos hermanos, llamados Juan y José que vivían, y trabajaban en un circo.
Aunque se les daban muy bien sus números, todos los días ensayaban para cuando llegara el gran día de la actuación, y además también ensayaban en el jardín de su casa, con lo que poco a poco les salía todo cada vez mejor.
Juan se dedicaba al malabarismo, y José al trapecio. Un día, José se cayó y se accidentó, todos empezaron a preocuparse porque se acercaba el gran día, José no se acababa de recuperar, y no tenían un sustituto, pero José hacia lo imposible por recuperarse.
Por fin llegó el gran día, todos están preparados, el circo lleno a rebosar de público, los nervios a flor de piel, y… ¡comienza el espectáculo!
Primero salen los animales, leones, tigres, elefantes, caballos, etc. Después lo payasos con sus bromas, y sus ganas de divertir. A continuación Juan con su número de malabarismo, y consigue un gran éxito mientras su hermano le mira atentamente con muchos nervios.
Ha llegado la hora, le toca su turno a José, sale a pista, sube tranquilo al trapecio, y comienza su actuación, ¡y que actuación!, el público puesto en pie se vuelve loco aplaudiendo.
Bueno, ya todo ha pasado, los dos hermanos pueden descansar, sus espectáculos han sido un éxito y José esta totalmente recuperado ambos están muy contentos.
SERGIO B. 6º