Hace poco compré una casa a un señor que me dijo que tuviera cuidado con el sótano pero no le hice caso.
Una noche oí unos gritos espantosos, que venían del sótano. Me levanté y fui a ver qué pasaba. Mientras bajaba las escaleras sentí una cosa rara, el corazón me latía muy deprisa y las piernas me temblaban. En la chimenea encontré un periódico de hace 50 años y en él había una noticia que decía:
“Una familia entera ha sido asesinada y no aparecen sus cuerpos”.
Me fui a la cama y al día siguiente, encuentro las paredes con escritos que decían:
¡Socorro! ¡Ayúdanos y huye!
Entonces miré al suelo y vi una cruz pintada de negro. Cogí un martillo y al romper el suelo vi que había una casa dura, era un ataúd.
Mis manos temblaban y mi corazón latía y al abrirlo encontré una madre y un hijo pero faltaba el padre. Del susto caí al suelo inconsciente y cuando me desperté vi que estaba todo oscuro y yo estaba encerrado en el ataúd. Empezó a gritar y nadie me oía.
Poco a poco me estaba quedando sin oxígeno y los ojos se me cerraron para siempre, había muerto.
Jaime 6º