Había una vez una familia feliz, vivían en Sydney (Australia), el protagonista de esta historia es el hijo mediano, Cody, era un chico guapo, inteligente, tenía 13 años, su hermano mayor se llamaba Ricardo, era gordo y no muy listo. Tenía 15 años, y luego estaba su hermana menor, Lilian, era igual que Cody, y tenía 8 años.
La familia se había mudado y al pobre Cody le había tocado compartir la habitación con su hermano Ricardo, pero claro, Cody se instaló en el sótano, allí descubrió una puerta, ¿a dónde llevaría? De repente la abrió era como un portal, pasó y estaba en otro lugar se sentía raro, se asustó porque vio una sombra, era una muchacha. Él le preguntó: ¿Dónde estoy? ¿Cómo te llamas? Ella le respondió: me llamo Erika y estás en mi sótano en París (Francia).Había bajado para coger este baúl, pero me toca a mi interrogarte ahora yo a ti dijo ella, pero Cody al instante respondió: no me lo puedo creer, yo soy de Sydney, perdón me llamo Cody encantado de conocerte. Igualmente dijo Erika, nunca me había fijado en esa puerta dijo también, ven subiremos a mí habitación, pero Cody no la había oído estaba empujando la puerta pero dijo: no puedo volver, ¿me ayudas? Es imposible, mi madre me contaba una historia igual a lo que nos está pasando cada noche, pero mira hay dos manos unidas allí arriba en la puerta, podemos unir las nuestras y a lo mejor se abre. Las unieron y un fuerte terremoto hubo en todo el mundo la puerta se abrió. Cody la dijo: todos los días vendré a verte y ella dijo: yo iré todos los veranos a Sydney a bañarme. Se abrazaron y se despidieron.
Por eso cuando hay un terremoto en el mundo es Cody que va a ver a Erika.